Mirenme a mi como la protagonista de una trágica historia de amor sin fin ni inicio. La vida rota y el alma desaparecida.
Se podría decir que un corazón roto es nuestra propia culpa y ponerse a llorar no soluciona nada. Mi caso fue algo tremendo, imaginen a una niña de 15 sin saber nada de la vida y tampoco sin conocer a otras personas a parte de su típico circulo de amigos. Yo era la única sin historia de amor, todos ellos ya habían tenido a alguien. Juego de niños podrán decir, y aunque es cierto, también lo es lo santo que lo ponemos a todo a esa edad.
Tenía 15 y era mi ultimo año de vida razonable sobre aquel sistema que me había tratado tan bien durante tanto tiempo. Empezaba a pensar en lo que quería ser, los planes de mi vida y así fue como empezó todo. Yo quería libertad, viajar por el mundo y tomar fotografías, un plan muy estúpido pero para mi hasta ahora sigue siendo mi camino. En fin, ese pequeño plan se volvió todo un problema al conocerlo a él. Si, a él.
Cabello negro y los ojos oscuros. Su manera de hablar e incluso hasta de vestir no me atrajeron pero si que me llamaron la atención, él era diferente a todo lo que había conocido. Mi mente exploto al salir de la burbuja que me tenía atrapada. Por fin conocí a una persona que solo había visto en películas o libros. De inmediato sentía la atracción de quedarme con él, ya no me quería ir porque él ya lo era TODO.
¿Que lo hacía diferente? Lo recuerdo tan bien, sera por esos piercings o las cadenas que tenia como correa. Su estilo punk y ese aire de libertad y seguridad que transmitía con cada paso que daba. Lo maravilloso de sus ojos que parecían ocultar tanto pero a su vez revelarlo todo. Él era un blue boy, se notaba a la distancia lo alejado que se mantenía y yo lo descubrí. La chica rara que andaba haciendo muecas y sonidos extraños no importa el lugar donde se encontrara, lo descubrió. Y esta weirdo girl supo lo que significa querer a alguien que no fuera mamá.
Yo realmente no quería alejarme de él. Pero pongamos las cosas claras él era mayor que yo por 3 largos años, y quien iba a querer a una niña rara de 15 años que se la pasaba encerrada. Mi padre jamás me lo iba a permitir no importara lo que pataleara o como gritara a las 2 de la mañana. Y así sin darme cuenta yo sola me empece a romper el corazón, porque lo sabia. Faltaba mucho para mi mayoría de edad y él no me iba a esperar.
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